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Deporte23 jun 202613 min de lectura

Electrolitos: tu bono de hidratación para el verano

Électrolytes : votre bonus hydratation pour l'été Nutrimea

Sommaire

Detrás de cada actuación deportiva, de cada esfuerzo sostenido a altas temperaturas, e incluso de cada latido del corazón, se esconde un equilibrio silencioso pero absolutamente fundamental: el de electrolitos. Estas sales minerales cargadas eléctricamente, que el cuerpo pierde a través del sudor, la orina y la respiración, son la base de la nutrición deportiva moderna y de la salud cotidiana. ¡Este artículo te revela todo lo que necesitas saber para comprender su función, elegirlos inteligentemente y optimizar tu hidratación durante el verano y durante todo el año!

¿Qué es un electrolito? Definición

Un electrolito es un compuesto químico que, una vez disuelto en agua, se disocia en iones con carga positiva (cationes) o iones con carga negativa (aniones). En otras palabras, los electrolitos son sales minerales capaces de conducir la electricidad en los fluidos corporales, lo que los hace esenciales en casi todas las funciones biológicas.

Lo que distingue a un electrolito de un simple mineral alimentario es precisamente esta capacidad de transportar una carga eléctrica en un entorno acuoso. Sin él, la contracción muscular, la transmisión nerviosa o incluso el funcionamiento normal del sistema cardiovascular serían simplemente imposibles. Por tanto, entendemos por qué la pérdida de minerales a través de la sudoración, durante un esfuerzo físico intenso o durante un calor extremo, puede tener consecuencias directas en el rendimiento y el bienestar general.

¿Para qué sirven los electrolitos y cuáles son sus beneficios?

Mantener la hidratación

El agua que no contiene sales minerales no puede hidratar las células de forma eficaz. Para que penetre en su interior, en lugar de simplemente pasar por el intestino y luego dirigirse a la vejiga, necesita electrolitos. Es precisamente el sodio el que guía el agua hacia los tejidos, mientras que el potasio la ancla en el interior de las células. Este mecanismo, llamado bomba de sodio-potasio, constituye la base fisiológica de una hidratación eficaz.

Cuando el equilibrio electrolítico se mantiene adecuadamente, cada célula permanece hidratada y funcional. Pero en caso de pérdidas de electrolitos, como las que se producen durante una sesión deportiva prolongada o con mucho calor, la deshidratación se vuelve inevitable incluso si sientes que estás bebiendo suficiente agua. Precisamente por este motivo las bebidas isotónicas diseñadas para el deporte integran sistemáticamente estos minerales: no por moda, sino por necesidad fisiológica.[1]

transmisión nerviosa

Los electrolitos desempeñan un papel fundamental en la transmisión nerviosa al permitir la generación y propagación de señales eléctricas a lo largo de las neuronas. Por tanto, un desequilibrio de electrolitos, como hiponatremia, hipopotasemia o hipocalcemia, puede provocar graves trastornos neurológicos, que van desde calambres y fatiga muscular hasta convulsiones o arritmias cardíacas.

Equilibrio de la presión arterial

Mantener la presión arterial es una de las funciones más fundamentales que proporcionan los electrolitos. El sodio, al retener agua en las venas y arterias, ayuda a mantener el volumen sanguíneo y por tanto la presión arterial. El potasio, por el contrario, promueve la excreción renal de sodio y actúa como regulador natural de la presión arterial.[5] 

¡Haz posible la contracción de los músculos, incluido el del corazón!

Esta es quizás la función más espectacular de los electrolitos: sin ellos ningún músculo podría contraerse. El mecanismo es el siguiente: el calcio desencadena la contracción muscular uniéndose a las proteínas contráctiles del interior de las células musculares, mientras que el magnesio actúa como antagonista para permitir su relajación. Sin magnesio, el músculo permanece en un estado de contracción permanente, lo que puede provocar calambres, espasmos e incluso alteraciones del ritmo cardíaco.[11]

Regular la temperatura corporal

Uno de los aspectos más olvidados de la homeostasis es mantener la temperatura corporal. Cualquiera que sea la temperatura exterior y el nivel de actividad, el cuerpo debe permanecer en torno a los 37 grados porque las enzimas que catalizan todas las reacciones bioquímicas del cuerpo son extremadamente sensibles a las variaciones térmicas. Un aumento o una disminución de la temperatura, incluso sutil, es suficiente para desnaturalizar estas proteínas, alterar el metabolismo celular y poner en peligro funciones vitales. Por eso el organismo dispone de mecanismos precisos de termorregulación, en los que los electrolitos desempeñan un papel central. El sodio (Na⁺) y el cloruro (Cl⁻), presentes en grandes cantidades en el líquido extracelular, contribuyen a mantener el equilibrio osmótico que condiciona la distribución del agua entre los compartimentos del organismo y, en particular, el mecanismo de sudoración que sirve para enfriarlo.[8]

¿Cómo afecta el calor a los electrolitos?

El calor del verano es probablemente el factor ambiental que ejerce mayor presión sobre el equilibrio electrolítico, incluso en personas sedentarias. He aquí por qué.

Sudar: una pérdida importante y a menudo subestimada

La sudoración es el principal mecanismo por el cual el cuerpo regula su temperatura. Cuando la temperatura ambiente supera los 30°C, o cuando el esfuerzo físico genera calor corporal, las glándulas sudoríparas producen sudor para enfriar la superficie de la piel por evaporación. Este proceso es notablemente eficiente, pero conlleva un coste mineral considerable.

En condiciones de reposo en climas cálidos, la tasa de sudoración puede alcanzar de 0,3 a 0,5 litros por hora.[9] Durante un esfuerzo físico intenso en condiciones de calor, como un paseo en bicicleta a 35°C o una sesión de carrera bajo el sol directo, este flujo puede superar fácilmente los 1,5 a 2 litros por hora, o varios gramos de minerales perdidos en un período de tiempo muy corto. Sin embargo, el sudor no es agua pura: contiene principalmente sodio (entre 500 y 1.500 mg por litro según cada individuo),[8,9] cloruro, pero también cantidades apreciables de potasio, magnesio y calcio. La repetición de estas pérdidas sin una compensación adecuada crea gradualmente un déficit de electrolitos que probablemente perjudica las funciones neuromusculares, cardiovasculares y cognitivas.

Variabilidad individual significativa: el caso de los “suéteres salados”

No todas las personas son iguales ante el calor en lo que respecta a las pérdidas de sodio. Algunas personas, a quienes los investigadores de fisiología del ejercicio se refieren como suéteres salados (literalmente “aquellos que sudan hasta el cansancio”), pueden perder hasta dos o tres veces más sodio por litro de sudor que el promedio.[8] Esta particularidad, en parte genética, es especialmente común entre los deportistas entrenados. A menudo se identifica por la presencia de restos blanquecinos que quedan en la piel o en la ropa después del ejercicio: se trata precisamente de cristales de sal. Para estas personas, una ingesta de sodio superior a las recomendaciones generales no sólo está justificada, sino que es esencial para prevenir calambres y disminución del rendimiento durante los eventos de verano.[8,11]

Riesgos específicos relacionados con el calor: del golpe de calor a la hiponatremia

Dos situaciones opuestas, pero ambas potencialmente graves, esperan a los deportistas mal hidratados en verano.

El primero, el más conocido, es el deshidratación hipernatrémica : el individuo pierde más agua que sodio, lo que concentra electrolitos en la sangre y crea una peligrosa llamada osmótica. Los síntomas van desde fatiga intensa hasta mareos, luego náuseas, calambres intensos y, en casos extremos, insuficiencia cardiovascular. Este es el escenario clásico de insolación (hipertermia), que puede poner en peligro la vida.[7]

El segundo, menos intuitivo pero igual de serio, es elhiponatremia de esfuerzo : el atleta, queriendo hacerlo bien, bebe cantidades importantes de agua pura, sin electrolitos, que diluye el sodio en sangre por debajo del umbral crítico. El cerebro, muy sensible a las variaciones osmóticas, puede hincharse ligeramente en el cráneo, provocando fuertes dolores de cabeza, confusión mental o incluso convulsiones.[1] Este fenómeno afecta principalmente a maratonistas, triatletas y excursionistas que se hidratan abundantemente pero sin compensar sus pérdidas de sodio. La prevención es sencilla: combinar sistemáticamente agua con una fuente de electrolitos tan pronto como el ejercicio supere una hora o durante una exposición prolongada al calor.

Calor en reposo: una parte olvidada de la suplementación estival

Sería simplista limitar el tema de los electrolitos y el calor únicamente a los atletas. Durante las olas de calor, todas las personas (niños, adultos o ancianos) ven aumentar sus necesidades de electrolitos, simplemente porque el cuerpo suda más para mantener su temperatura interna. Las personas mayores son particularmente vulnerables: su mecanismo de sed es menos reactivo y sus riñones tienen más dificultades para retener sodio. El calor combinado con una hidratación insuficiente puede agravar patologías crónicas (insuficiencia renal, insuficiencia cardíaca) o provocar una hipotensión peligrosa.[7] Incorporar agua mineralizada o una bebida enriquecida con electrolitos a tu rutina diaria durante las olas de calor es una medida de prevención sencilla, económica y respaldada científicamente.

¿Cuáles son los mejores electrolitos para mantenerse hidratado en verano?

No todos los electrolitos son iguales, especialmente en el contexto de esfuerzo físico, y más aún en épocas de calor. Su combinación es tan importante como su presencia individual. Para una hidratación eficaz durante tus sesiones deportivas, especialmente durante pruebas de resistencia como maratones, carreras de montaña o ciclismo de larga distancia, los expertos coinciden en el papel central de los 5 electrolitos.[1,2] Tenga en cuenta que una dieta equilibrada es la base de la ingesta de electrolitos. Los suplementos efervescentes o en polvo aportan estos minerales en cantidades precisas para compensar las pérdidas por sudoración.

electrolito

Papel clave

Dosis indicativa (esfuerzo >1 hora)

Sodio (Na⁺)

Retención de líquidos, presión arterial, transmisión nerviosa.

de 500 a 1.000 mg/h

Potasio (K⁺)

Equilibrio intracelular, relajación muscular.

de 150 a 400 mg/h

Magnesio (Mg²⁺)

Función muscular, relajación, >300 reacciones enzimáticas.

de 50 a 100 mg/h

Calcio (Ca²⁺)

Activación de la contracción muscular, coagulación.

de 50 a 100 mg/h

Cloruro (Cl⁻)

Equilibrio ácido-base, digestión.

Asociado con el sodio

Más allá de estos minerales, una buena fórmula deportiva también debe incluir:

  • Una fuente de carbohidratos para activar el cotransportador intestinal SGLT1 y acelerar la absorción de agua,
  • vitamina c por su papel antioxidante durante el esfuerzo físico que ayuda a las células a luchar mejor contra el estrés oxidativo,
  • vitaminas del grupo B, en particular vitaminas B1 y B2, que la EFSA reconoce que contribuye al metabolismo energético normal y reduce la fatiga.[3]

Elegir un producto que integre estas sinergias le permitirá ir más allá de la simple rehidratación y aspirar a un rendimiento real.

Pastillas o polvo: ¿qué formato para correr, andar en bicicleta o correr por senderos?

En nutrición deportiva, dos formatos dominan el mercado de bebidas isotónicas y electrolitos: las pastillas efervescentes y las fórmulas en polvo. Cada uno tiene distintas ventajas según el perfil del atleta y la naturaleza del esfuerzo.

Tabletas efervescentes Son ideales para corredores y ciclistas que priorizan soluciones prácticas. Basta con disolver un comprimido en 500 ml de agua para obtener una bebida isotónica lista para usar. El producto es compacto, fácil de guardar en un bolso o bolsillo y no requiere manipulación. Nota: estos comprimidos deben almacenarse protegidos de la luz y la humedad para preservar la estabilidad de sus compuestos activos, generalmente en su tubo original bien cerrado.

Fórmulas en polvo son más adecuados para pruebas de resistencia de larga distancia o para atletas que tienen mayores necesidades de azúcares rápidos (para llenarse de energía) y electrolitos. Marcas premium como Nutrimea ofrecen estos formatos específicos. Estas fórmulas permiten preparar una bebida isotónica a medida, regulable en función de las condiciones climáticas y de la duración del esfuerzo. También resultan más económicos de usar.

¿Son útiles los electrolitos en el culturismo?

El culturismo suele estar ausente de las discusiones sobre electrolitos, que tienden a centrarse en los deportes de resistencia. Esto es un error: los empujadores también necesitan electrolitos. 

Las sesiones de entrenamiento con pesas pueden generar importantes pérdidas de sudor

Contrariamente a la creencia popular, una sesión intensa de entrenamiento con pesas, especialmente en verano en una habitación con mala aire acondicionado o durante un entrenamiento al aire libre, puede provocar pérdidas de sudor comparables a las de una carrera de 30 a 45 minutos. Un entrenamiento de 60 minutos que incluye ejercicios multiarticulares intensos (sentadillas, peso muerto, dominadas con carga), realizado a una temperatura ambiente de 22 a 25 °C, genera fácilmente entre 500 ml y 1 litro de sudor, según el individuo.[9] En verano, este flujo aumenta aún más. La composición de este sudor sigue siendo la misma que durante cualquier otro esfuerzo físico: transporta sodio, cloruro, magnesio y potasio. Sin compensación, estas pérdidas terminan perjudicando directamente el rendimiento y la recuperación.

Magnesio, un electrolito esencial para los practicantes de culturismo

En el culturismo, es magnesio que ocupa el lugar más estratégico entre todos los electrolitos. Este mineral participa en más de 300 reacciones enzimáticas dentro del cuerpo,[6,12] varias de las cuales juegan un papel directo en la síntesis de proteínas musculares, la producción de ATP (la molécula de energía celular) y la relajación muscular. Los estudios revelan que los atletas que practican actividades de fuerza con frecuencia tienen una ingesta dietética de magnesio inferior a los requisitos de referencia.[6] 

Además, el magnesio desempeña un papel documentado en la regulación de la hormona del estrés, el cortisol.[6] Sin embargo, los entrenamientos de fuerza muy intensos elevan el cortisol, lo cual es normal y deseable a corto plazo para estimular el crecimiento muscular, pero contraproducente si los niveles se mantienen crónicamente altos. Por lo tanto, un nivel adecuado de magnesio ayuda a optimizar el equilibrio hormonal que favorece el progreso en el gimnasio.

Sodio, potasio y creatina: el trío del volumen celular (¡y muscular!)

El aporte de sodio y potasio es fundamental en todos los deportes, incluido el culturismo, porque una buena proporción entre ambos minerales condiciona tanto el rendimiento como la sensación muscular: el sodio coordina la hidratación extracelular y el potasio la hidratación intracelular. Una deficiencia de uno u otro, común durante una dieta restrictiva (dietas secas y especialmente bajas en carbohidratos) o durante el entrenamiento de verano sin compensación electrolítica, se traduce concretamente en una pérdida de fuerza y ​​​​de volumen muscular (o de volumen celular).

Este volumen celular, es decir el estado de hidratación interna de cada fibra muscular, puede influir directamente en la congestión y la tolerancia al ejercicio, que se manifiesta por un mayor número de repeticiones realizadas antes del fallo muscular. Por esta razón, tomando creatina, conocido por su papel en el aumento de la fuerza, también es muy interesante en los protocolos de hidratación porque amplifica la sobrehidratación celular.[10]

Electrolitos y recuperación muscular.

Con demasiada frecuencia se subestima la recuperación en el culturismo. Tras una sesión, el músculo dañado debe sintetizar nuevas proteínas contráctiles, recargar sus reservas de glucógeno y restablecer su homeostasis iónica. Este último punto, el retorno al equilibrio electrolítico, es un requisito previo para los dos primeros.[10] 

En la práctica, la ingesta de electrolitos en la ventana post-entrenamiento, idealmente entre 30 y 60 minutos después del ejercicio, junto con una fuente de proteínas y carbohidratos, está plenamente justificada para los practicantes de culturismo, así como para los corredores de resistencia. La única diferencia está en las dosis: las necesidades de sodio por hora de esfuerzo son generalmente menores en el gimnasio que en la carrera, pero el magnesio merece una atención particular dado su papel central en la síntesis de proteínas y la recuperación.

Preguntas frecuentes sobre electrolitos

¿Cómo saber si necesitas electrolitos o una bebida rehidratante?

El cuerpo envía varias señales cuando se deteriora el equilibrio electrolítico. Los primeros signos de una deficiencia de electrolitos suelen ser fatiga inexplicable, calambres musculares (especialmente por la noche o al final del ejercicio), dolores de cabeza, mareos o incluso sensación de piernas pesadas. En casos más graves, la deshidratación grave puede manifestarse como confusión mental, náuseas o palpitaciones del corazón.[11]

Un indicador sencillo de controlar es el color de la orina: la orina oscura y escasa generalmente indica un déficit de líquidos y electrolitos. Por el contrario, una orina muy clara y abundante después de un ejercicio intenso puede indicar hiponatriemia dilucional, es decir, una dilución excesiva del sodio por el consumo de demasiada agua pura, sin electrolitos para compensar.[1]

¿Cuántos electrolitos debes tomar al día con el agua?

Las necesidades varían según la intensidad del esfuerzo físico, la temperatura corporal y el perfil individual. Las referencias nutricionales de la EFSA para un adulto sano rondan los 2 a 3 g de sodio al día,[4] 3,5 g de potasio[5] y 300 a 400 mg de magnesio.[6] Estas contribuciones corresponden a condiciones de vida normales; deben aumentarse significativamente durante una sesión deportiva intensa, una competición o durante la exposición a altas temperaturas.

Para un esfuerzo de más de una hora, generalmente se recomienda consumir entre 500 y 700 mg de sodio por hora, diluido en aproximadamente 500 ml de agua.[1] En la práctica, un comprimido efervescente por 500 ml de agua suele corresponder a este objetivo, pero siempre es aconsejable comprobar la composición del producto elegido para ajustar las dosis.

Electrólito Ingesta diaria (EFSA) – condiciones normales Esfuerzo intenso (> 1 hora) por hora
Sodio (Na⁺) 2 – 3 g/día [4] 500 – 700 mg/hora en ~500 ml de agua [1]
Potasio (K⁺) 3,5 g/día [5] A adaptarse según el esfuerzo.
Magnesio (Mg²⁺) 300 – 400 mg/día [6] A adaptarse según el esfuerzo.

¿Dónde comprar electrolitos en Francia?

Compre siempre sus electrolitos y mezclas de bebidas isotónicas en puntos de venta acreditados o sitios de venta online que demuestren la máxima transparencia en términos de composición. Compruebe siempre el contenido de los ingredientes, porque un bonito envase no es suficiente para garantizar cantidades suficientes de minerales, aunque el aroma sea agradable y refrescante. Nutrimea es una de las pocas marcas francesas que ofrece una mezcla de electrolitos con sabor natural, enriquecida con vitaminas del grupo B y vitamina C, y que contiene suficientes minerales para optimizar realmente la hidratación y el rendimiento, todo ello sin sobrecargarte de hidratos de carbono.

 

fuentes cientificas

1. Sawka MN, Burke LM, Eichner ER, et al. Puesto de posición del Colegio Americano de Medicina del Deporte. Ejercicio y reposición de líquidos. Medicina y ciencia en deportes y ejercicio. 2007;39(2):377–390.

2. Maughan RJ, Burke LM, Dvorak J, et al. Declaración de consenso del COI: los suplementos dietéticos y el deportista de alto rendimiento. Revista británica de medicina deportiva. 2018;52(7):439–455.

3. Panel de Productos Dietéticos, Nutrición y Alergias (NDA) de la EFSA. Opinión Científica sobre Valores Dietéticos de Referencia del agua. Revista EFSA. 2010;8(3):1459.

4. Panel de Productos Dietéticos, Nutrición y Alergias (NDA) de la EFSA. Opinión Científica sobre Valores Dietéticos de Referencia de sodio. Revista EFSA. 2019;17(9):e05778.

5. Panel de Productos Dietéticos, Nutrición y Alergias (NDA) de la EFSA. Opinión Científica sobre Valores Dietéticos de Referencia de potasio. Revista EFSA. 2016;14(10):e04592.

6. Nielsen FH, Lukaski HC. Actualización sobre la relación entre el magnesio y el ejercicio. Investigación del magnesio. 2006;19(3):180–189.

7. Casa DJ, DeMartini JK, Bergeron MF, et al. Declaración de posición de la Asociación Nacional de Entrenadores Atléticos: Enfermedades por calor por esfuerzo. Revista de entrenamiento atlético. 2015;50(9):986–1000.

8. Montain SJ, Cheuvront SN, Lukaski HC. Respuestas de elementos minerales del sudor durante 7 h de ejercicio-estrés por calor. Revista internacional de nutrición deportiva y metabolismo del ejercicio. 2007;17(6):574–582.

9. Shirreffs SM, Maughan RJ. Recolección de sudor de todo el cuerpo en humanos: un método mejorado con datos preliminares sobre el contenido de electrolitos. Revista de fisiología aplicada. 1997;82(1):336–341.

10. Ament W, Verkerke GJ. Ejercicio y fatiga. Medicina Deportiva. 2009;39(5):389–422.

11. Bergeron MF. Calambres por calor: desafíos de líquidos y electrolitos durante el tenis en el calor. Revista de Ciencia y Medicina en el Deporte. 2003;6(1):19–27.

12. Laires MJ, Monteiro CP, Bicho M. Papel del magnesio celular en la salud y las enfermedades humanas. Fronteras en biociencia. 2004;9:262–276.